El cable submarino que no fue: cómo Washington reconfigura la geopolítica digital desde el Pacífico

Análisis por
Marco L. García
Especialista en geopolítica tecnológica y vigilancia masiva.
El Hecho
En 2024, el gobierno de Chile anunció planes para construir un cable submarino de fibra óptica que conectaría directamente Sudamérica con Hong Kong, un proyecto valorado en más de 500 millones de dólares y liderado por la empresa estatal chilena Desarrollo País junto al gigante chino Huawei Marine Networks. Sin embargo, en 2025, el Departamento de Estado de Estados Unidos expresó formalmente su oposición, argumentando que la infraestructura podría ser utilizada por el gobierno chino para actividades de espionaje y que aumentaría la dependencia tecnológica de China en la región. Tras intensas presiones diplomáticas, en marzo de 2026 Chile suspendió indefinidamente el proyecto, priorizando su relación estratégica con Washington. El caso ilustra cómo la rivalidad entre Estados Unidos y China se traslada al ámbito de las telecomunicaciones, donde los cables submarinos se han convertido en activos geopolíticos críticos.
Las Claves Técnicas
Los cables submarinos de fibra óptica son la columna vertebral de internet: transportan más del 95% del tráfico de datos global. El proyecto chileno contemplaba un tendido de aproximadamente 14,000 kilómetros, con una capacidad inicial de 144 Tbps (terabits por segundo), utilizando tecnología de multiplexación por división de longitud de onda (WDMTécnica que permite transmitir múltiples señales ópticas de diferentes longitudes de onda sobre una misma fibra, multiplicando la capacidad de transmisión.). La participación de Huawei Marine Networks, filial del conglomerado chino, fue el principal punto de fricción. Estados Unidos sostiene que los equipos de Huawei pueden incluir puertas traseras (backdoorsVulnerabilidad deliberada en un sistema que permite el acceso no autorizado a datos o control del dispositivo.) que permitan la interceptación de comunicaciones, una acusación que la empresa niega sistemáticamente. Además, el cable pasaría por puntos de amarre en islas del Pacífico, lo que, según analistas, podría facilitar la vigilancia de señales (SIGINTInteligencia de señales: recolección de comunicaciones electrónicas y datos de transmisión para fines de espionaje.).
Auditoría Ética
El bloqueo del cable chileno-chino plantea al menos tres consecuencias de segundo orden. Primero, erosiona la soberanía digital de Chile: un país que decide libremente su socio tecnológico ve su autonomía limitada por presiones externas. Segundo, sienta un precedente para que otras naciones latinoamericanas, como Brasil o Argentina, enfrenten restricciones similares si optan por infraestructura china. Tercero, acelera la fragmentación de internet en dos esferas tecnológicas: una liderada por Estados Unidos y otra por China, lo que contradice el principio de una red global abierta e interoperable. Desde una perspectiva ética, el argumento de seguridad nacional esgrimido por Washington choca con el derecho de autodeterminación de los pueblos. Sin embargo, ignorar los riesgos de espionaje sería ingenuo: la infraestructura digital es un vector de influencia geopolítica. La pregunta no es si debe haber control, sino quién lo ejerce y bajo qué mecanismos de rendición de cuentas. La transparencia en la cadena de suministro y las auditorías técnicas independientes podrían ser un punto medio, pero ninguna de las partes parece dispuesta a ceder.
Contexto Forense
«El cable submarino es una oportunidad para diversificar las rutas de conectividad de Chile y reducir la dependencia de Estados Unidos, promoviendo la soberanía digital.»
«La participación de Huawei en infraestructura crítica expone a Chile a potenciales backdoors y a la pérdida de control sobre sus comunicaciones, según informes de inteligencia estadounidenses.»
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